El domingo fui al Carnaval Latino que se armó en la nueva casa de la Pulpería Santa Elvira. Al llegar te reciben por reserva. Una persona del equipo verifica tu entrada si vas por el menú o por la actividad y te da el paso. Al entrar, elegí el sector más iluminado pensando en las fotos, además de que el frío de ese día era intenso. Al sentarme, vi la cocina abierta con la gente ya corriendo para empezar el servicio. Saludé a la gente que conozco, a algunos chefs y por supuesto a los dueños de casa.

Para empezar, ofrecieron una copa de vino. Me ofrecieron Torontel de CO-PA, del Itata, comentándome que funcionaría con varias de las entradas. Es un vino bien diferente a lo usual: fresco, con un amargor elegante y para explicarlo mejor da la idea de estar tomando un aperitivo. De la nada llegó el pan calientito trenzado con mantequilla y sal de cochayuyo, junto con la primera entrada.

Las Entradas

Una entrada caliente. Mezcla con pepino, albacora frita, salsa de ajo blanco y algas que le dan un color negro. Muy sabroso.

Trae camarón nylon, papaya, chutney de papaya y un brisket hecho con lo que sobró del camarón, más un helado de papaya. Es una combinación dulce-salado bien loca pero agradable. Se me imaginaba que si tuviera un pan crujiente abajo, podría funcionar esta entrada para pasabocas. Quedaría increible.

Llegó unos minutos después. Es una mezcla cremosa e intensa gracias al zapallo y el queso. La naranja ayuda mucho al plato y, junto con el ají cacho de cabra, se genera una explosión de sabor. Como entrada funciona súper bien. Me agrada que ocupen zapallo.

Luego tocó esperar un poco. Aproveché de mirar las otras mesas, ver cómo se preparaban los chefs, los otros espacios y cómo entraba la luz de invierno.

Los Principales

El primer principal que recibí. Las llulluchas se encuentran en el Titicaca, en Bolivia. El plato se siente bien liviano, y la terrosidad de los diferentes hongos llama la atención. Todos tienen sabores distintos. Le agregaron un poco de queso y venía con un puré de Lacayote, muy suave.

  • Pesca Blanca, Curry Amarillo de Mango, Yogurt de Coco y Topinambur – Pablo Bonilla (Sikwa)

Una mezcla de sabores muy tropical y con buen picor para el día. El pescado está adobado con limón o algún cítrico. La leche de coco suaviza el picor. Tiene algo parecido a lo que le decimos nosotros “la color”, o quizás el jugo de un chorizo o longaniza. El topinambur le da la crocancia al plato, aunque el chef ocupa plátano frito.

La chef llegó personalmente a presentar el plato a la mesa y agregó este caldo de coliflor encima. Trae tres tipos de frijoles con salsa de frijol y pasta fresca. Es cremoso, sabroso y tiene un leve amargor. Me gusta mucho para un día frío y la verdad es que fue uno de mis platos favoritos.

Eran platos contundentes y con mucho sabor, imposibles para quedar con hambre. En ese momento no sabía si iba a poder con los postres, pero como siempre hay espacio para lo dulce, me atreví a respirar, pedir un espumante Calyptra y continuar.

Los Postres

Pan en cubos bien crocantes, membrillo y queso. Rico, agridulce, el queso le queda perfecto. El crunchy de la hoja estaba buenisimo y el chocolate blanco le da un toque dulce y cremosidad justa sin pasarse.

Trae helado de ruibarbo y gel de frutilla. Bien fresco, frutal y en equilibrio.

Para terminar. Un helado suave de croissant, pero con harto dulzor en los otros acompañamientos y un toque de algo de licor. Un cierre potente.

El Cierre

Todo esto pasó en exactas dos horas. A las 15:00 ya empezaba el otro turno y en la mesa de al lado entendieron que era el momento de pagar la cuenta. Yo terminé con los cachetes colorados por el calor, el frío y diciendo la verdad… por el alcohol tomado.

Fue tremendo ver lo bueno que resulta juntar a estos chefs de distintas partes de Latinoamérica en un solo restaurante. Te permite abrir la cabeza, conocer diferentes estilos de cocina en un mismo almuerzo y descubrir productos increíbles de otros países que no vemos todos los días o ver cómo adaptan sus recetas con lo que tenemos acá en Chile.

Respiré nuevamente, me levanté, me despedí de los chefs, de los dueños y me fui pensando en lo interesante que es mostrar con cariño la comida que cada uno hace para los demás, como un acto de amor.

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