Hace unos días fui a conocer la nueva casa de El Hoyo, instalada desde hace un año en la calle Condell del Barrio Italia. Como era de esperarse en las redes sociales, no tardaron en aparecer los comentarios de: «Ya no es lo mismo», «El verdadero Hoyo era el de Estación Central», «No hay comparación».
Pero seamos honestos: la gente se queja por todo pero el mundo cambia y hay que entender que hoy la gente dejó de ir a ciertos sectores por un tema de seguridad y el costo de la vida. Hay que celebrar que el lugar no cerró definitivamente y su historia sigue. El análisis es claro: el entorno cambia y tenemos que ajustarnos y la verdad es que la propuesta en Barrio Italia cumple muy bien.

Lo que probé y recomiendo a ojos cerrados:
Para picar y brindar: La lengua está en su punto perfecto, blanda, jugosa y impecablemente sazonada. La pichanga es gigante; por su precio comen fácil cuatro personas picoteando, ideal para acompañar con una chicha, un borgoña o un terremoto de la casa. Platos de fondo que añoraba: La merluza frita sale perfecta y crocante, acompañada de ensalada chilena y papas fritas reales (nada de esas prefritas). El costillar de cerdo con puré picante es un espectáculo, y el pastel de choclo es adictivo. El remate dulce: Postres tradicionales bien ejecutados. Un turrón de vino con su dulzor justo, una leche asada gigante y el infaltable mote con huesillos. De verdad, para chuparse los dedos.






La música de fondo logra armar una suerte de «ramada permanente». Al mirar alrededor, ves mesas llenas de gente conversando, celebrando y comiendo alegre. En resumen: una excelente relación precio-calidad donde se vive un 18 de septiembre todo el año.


Así que recomiendo el lugar y generar más apoyo a los locales que hacen el esfuerzo por mantenerse vigentes. Puedes ver la carta en su sitio web para que conozcas sus platos y precios.
Para los que extrañan el lugar anterior, pueden ir a El Hollejo, el proyecto que armaron los antiguos trabajadores.


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